Recordando mi infancia en #tejiendounsueñodeverano y ¡felices vacaciones!

"La lógica te llevará de la A a la Z; la imaginación te llevará a todas partes" 
(Albert Einstein)

Hoy empiezo mis vacaciones, y no hay mejor forma de hacerlo que recordando los veranos de mi infancia, cuando era muy pequeña, en casa de mis abuelos, con mis primos… una casa llena de niños, una abuela que nos manejaba a los 7 con sus agujas y sin despeinarse y un seiscientos donde cabíamos los 7 primos y en el que mi abuela nos llevaba a todas partes.

El sol entraba por las ventanas y el aire matutino impregnaba la habitación con una esencia fresca. Era temprano. Nosotros, niños, nos despertábamos. Alguien era el primero y éste iba levantando al resto. Queríamos jugar, bajar al jardín y empezar a divertirnos en un nuevo día lleno de emociones. Salíamos de la habitación y andábamos por el pasillo de puntillas, para no despertar a nuestros padres. Era como una aventura emocionante, caminar todos juntos, en silencio, por el suelo frío de ese hogar de verano. Llegábamos a la habitación de nuestros padres, y les despertábamos. Ellos nos miraban cansados y, cuando al fin se decidían a salir de la cama, aprovechábamos para subir y ponernos a saltar como en una colchoneta. Nos reíamos. El día había empezado…

Después de desayunar y jugar un poco en el jardín, corríamos dentro de casa y nos perseguíamos los unos a los otros. Uno de los mejores lugares para esconderse era la bañera. Allí sólo cabíamos los más pequeños, pero era un escondite perfecto. Tratábamos de hacer el menor ruido posible, y sentíamos con suspense los pasos del resto, que nos buscaban, pero esperábamos, callados, aguantando la risa, hasta que uno nos encontraba y dando la voz de alarma huíamos otra vez.

En casa de los abuelos había un porche muy grande, acogedor a cualquier hora del día. Mi abuela (mamá Lelín la llamábamos) con sus agujas de tejer dirigía la casa con mano firme, y a nosotros también… mientras tejía estos vestidos que ahora hago yo. Nosotros sólo necesitábamos una pizca de imaginación para, entre todos, hacer cosas inimaginables. Un día teníamos un reino inmenso, y al otro el garaje se convertía en una casa embrujada. Una de las cosas que más nos gustaba hacer era montar nuestra propia orquesta, pensábamos que éramos uno de esos grupos musicales que veían nuestros padres en la tele, o músicos profesionales capaces de tocar cualquier instrumento virtuosamente, como los que nuestro abuelo oía en la radio. Y así era en nuestra mente, con un par de trastos viejos hacíamos nuestra propia orquesta, y las agujas de nuestra abuela eran la batuta que la dirigían.

Recuerdo esas tardes en que todos los primos paseábamos con mi abuela. Recuerdo especialmente los días de lluvia, después de una tormenta, cuando salíamos a coger caracoles, para que la abuela los cocinara. Después de merendar nos llevaba por el campo que había en las cercanías de la casa. Ella nos vigilaba cuando nos parábamos para que descansara. En realidad era la mujer más fuerte que he conocido nunca, yo creo que se paraba adrede para dejarnos correr y juguetear. Aquellos paseos tenían mucho de especial, una chispa que nos encendía en cuanto nos habíamos alejado un poco de la casa y empezábamos a explorar sitios nuevos, bajo la atenta supervisión de mi abuela.

A veces pienso que la vida es como una obra de teatro, unas veces cómica y otras trágica… un teatro en el que hay muchos actores, unos mejores que otros. Y a veces pienso que casi mejor me quedo con los teatros de cuando era pequeña. ¡El teatro nos encantaba! no ir, porque no nos llevaban a menudo, sino representarlo nosotros mismos. No nos importaba si éramos buenos o malos actores, cuando nos juntábamos todos éramos incapaces de sentir vergüenza. Preparábamos una obra de teatro, inventándonos escenas y personajes, e incluso confeccionando nuestros propios disfraces con prendas antiguas de mi abuela, cosas que ella nos tejía, y otros objetos que encontrábamos rebuscando en armarios y cajones. En el garaje de casa de los abuelos encontrábamos un montón de cosas de atrevo… cuerdas, banderines, maletas viejas… ¡era una mina de oro de cachivaches y trastos varios! auténticos tesoros para nosotros. Después de todos nuestros ensayos, donde los más mayores nos dirigían a los más pequeños, enseñábamos a nuestros padres y abuelos la obra de teatro; y ya fuera un baile o una comedia, siempre aplaudían contentos de vernos a todos los primos pasándonoslo tan bien.

A un de las cosas a las que me gustaba jugar cuando era pequeña era a hacer el indio. Ahora, siendo un poco más mayor, pienso que todos deberíamos hacer el indio de vez en cuando… Con mis primos inventábamos aventuras y, con unas cuantas plumas, cintas que las sujetaran, y ovillos y agujas de mi abuela (que cogíamos sin que ella se enterara), hacíamos nuestro atuendo de indios. Con unos palos y unas cuerdas construíamos arcos y flechas… Buscábamos un bosque donde poder dar rienda suela a nuestro juego, nos atábamos los unos a los otros a un árbol gigante que había cerca de casa y después formábamos un corro alrededor, cantando, bailando y dando vueltas. Divirtiéndonos así, se nos pasaba el tiempo volando. Así se nos pasaban las comidas, las cenas… y así se pasaron, fugaces, los veranos de mi infancia en casa de mis abuelos.

¡Así eran los veranos de mi infancia en casa de mis abuelos!

 ¿Qué planes tenéis para este verano? Yo descansar y tejer mucho, pero no me voy muy lejos, os seguiré contando cosas por aquí, por Instagram y por Facebook

¡Besos, feliz finde y feliz verano!

  1. Bellisimo! Voy a hospedarme en ese hotel a fines de Agosto, viajo con mi padre de ascendencia española. Por primera vez a sus 73 años se animó a conocer la tierra de su abuela Josefa a quien tanto amó. Soy tejedora de ganchillo o crochet como decimos en Argentina. Que pases unas excelentes vacaciones!

    1. Muchas gracias!!! El hotel te encantará, es precioso. Disfruta de ese viaje tan especial con tu padre. Besos,

      Sandra

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