Capítulo 0. De porqué he decidido contar esta historia

“Si con esto pudieras ayudar tan solo a una persona, ya habría merecido la pena”

 Esta frase resonaba continuamente en mi cabeza y justo el otro día, después de una clase particular de yoga con mi profe, que me está enseñando a respirar (es curioso lo mal que lo hacemos a veces), me la repitió tal cual, cuando le dije que me estaba planteando contar mi experiencia personal. Fue una señal.

¿Porqué escribir aquí y ahora? A lo mejor no hay un porqué, sino el pensamiento de todas las personas que están sufriendo o han sufrido por una ruptura y que, por desgracia, cada vez son más.

Hemos normalizado tanto las separaciones y divorcios que, muchas veces, no nos damos cuenta que se trata de un duelo y, además, un duelo que está vivo y que se alarga en el tiempo. Por eso, debemos pasar por todas las fases o etapas de ese duelo:

  1. Negación
  2. Ira
  3. Negociación
  4. Depresión
  5. Aceptación

Ojalá me lo hubieran explicado a mí en aquel momento.

 

 

Desde pequeña siempre me ha gustado escribir, coleccionaba libretas y diarios y, casi todos mis libros estaban llenos de frases y pensamientos que venían a mi cabeza conforme los leía.

Por eso empecé el blog, era como una especie de diario, para expresar lo que pienso y siento y lo que algunas veces me pesa tanto que si no lo escribo no soy capaz de sacarlo fuera.

Como no sabía muy bien por dónde empezar, he decidido hacerlo por el final, lo que para mi fue el final de una etapa de mi vida, el despertar y el comienzo de algo nuevo.

Y es que creo que, a lo largo de la vida, las estaciones se van sucediendo de forma cíclica:

Hemos de pasar por el invierno del alma

El otoño de liberación

El verano de luz y calor

Para llegar a la primavera de colores

Empezaré por el invierno de mi alma, una historia que viví hace no mucho tiempo.

He tenido que entrar muy dentro de mi para empezar a escribir todo esto, y he visto cosas que me han gustado y otras no tanto. He tenido que aceptarme tal y como soy.

No lo quiero contar como si fuera un drama… aunque yo soy bastante Drama Queen, quiero contarlo como una experiencia que me ha ayudado a crecer y a ser más YO, contaros las anécdotas, algunas ellas muy divertidas que me han ayudado a superar algunos momentos, y responder a todas vuestras dudas, preguntas e inquietudes. Estoy dispuesta a contaros todo lo que queráis o necesitéis saber, así que disparad cualquier pregunta que tengáis.

Permitirnos ser felices

Me casé un 4 de noviembre de 2000, después de un noviazgo de 6 años con la persona que yo pensaba era el hombre de mi vida, completamente enamorada y con la ilusión de un proyecto de vida junto a él. Soñaba con hacernos viejecitos juntos e irnos a vivir a Jávea al lado del mar.

Tuvimos tres hijos, un niño y dos niñas, que ahora son mi mayor apoyo y unos auténticos maestros para mí. Pasamos momentos buenos y otros no tan buenos, como cualquier matrimonio. La convivencia no es fácil y el amor hay que cuidarlo día a día.

Pero, hace unos años, empezó un autético calvario. Mi marido se convirtió en una persona completamente diferente, frío y distante. Lo peor, la incertidumbre, no saber qué le pasaba a pesar de preguntarle infinidad de veces. Una noche sentí que no podía respirar, algo me oprimía el pecho tan fuerte, que creía que me iba a morir. Era de madrugada, y él todavía no había vuelto a casa. Tuve que irme al hospital: un ataque de ansiedad, me dijeron.

Así viví dos años. Y mientras tanto tenía que seguir con mi día a día, niños, trabajo, casa y demás… hasta que un día me confesó que me había sido infiel y se fue de casa. Ahora está felizmente casado con ella y han tenido una niña.

Mi autoestima se quedó por los suelos. Mi mundo se desplomó por completo.

Emocionalmente es durísimo. ¿Cómo te sientes? Te sientes rota, ojalá poder quedarte debajo del edredón en la cama y no salir nunca más, pero hay tres niños, un trabajo… vida. Curiosamente sientes vergüenza, aunque tú no hayas hecho nada, ¿cómo voy a contar a mis amigos lo que ha pasado? ¿O lo que siento? Es una sensación de fracaso y también de abandono y traición.

Sin embargo la vida me ha enseñado que todo pasa para algo y que, cuando se cierra una puerta, siempre se abre una ventana. La mía fueron los niños, mis tres hijos. Un día Manu, mi hijo mayor me dijo: “Mamá, si tu no te quieres, nadie te va a querer. Te necesitamos”. Fue como un bofetón en la cara.

Así que tuve que armarme de valor, y empezar a construir de nuevo, y eso es lo que sigo haciendo día a día. Tengo la custodia de los tres niños y aunque muchas veces es difícil llegar a todo, ellos son mi recompensa y mi apoyo.

Las heridas emocionales, que no se ven, son las que mas tardan en curar, las que más tiempo necesitan. Y es que cada persona necesita un tiempo diferente para curar sus heridas, y hay algunas que no se curan nunca, pero aprendes a vivir con ellas. Entonces empiezas a ver la vida de una forma diferente, día a día, momento a momento, y agradeces las pequeñas cosas como el café por la mañana, ver salir el sol, oler el mar, los colores del atardecer o el beso de tus hijos. Cosas sencillas pero de un valor enorme, y de las cuales muchas veces nos olvidamos.

¡Tenemos que querernos más!

Convertirte en la mejor versión de ti misma

 

No ha sido fácil, pero también ha habido momentos divertidos e incluso cómicos.

Un día se fundió la bombilla de la cocina, mi casa tiene los techos altos y tuve que coger una escalera para llegar a la lampara que, por cierto, tiene muy mala pata. Esa lampara tenía un cristal que había que quitar para cambiar la bombilla y, al intentar quitarlo, se me cayó en la cabeza y de ahí directo al suelo y roto en mil añicos…

Cuando llegaron a casa mi padre y mi hijo me vieron en el suelo de la cocina, rodeada de cristales y llorando a moco tendido. Me preguntaron: ¿qué te pasa?. Y yo: que necesito a alguien que me cambie las bombillas. Se empezaron a reír los dos 🙂

Mi amiga Valentina que, también se ha separado, me contó el otro día que había contratado un manitas para que le hiciera varios trabajos en casa, cosas que tenia que arreglar. Me partía de la risa con ella cuando me decía: Sandra, no sabes cuanto necesitaba un hombre en casa, me ha arreglado el baño, cambiado la instalación eléctrica de la cocina, colgado un par de cuadros…

… y es que, muchas veces, no nos permitimos ser felices!

CONTINUARÁ…

 

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